martes, 11 de abril de 2017

AY MALDITA ENVIDIA

Hace unos día ocurrió algo que llamó mi atención en el trabajo y me hizo reflexionar mucho.
Llega un grupo de familiares para pasar sus vacaciones de Semana Santa; dos hermanos y sus respectivas familias y los padres ya mayores. Reservan los mejores apartamentos del complejo; todo va bien hasta que una de las señoras ve el apartamento de la otra familia y queda decepcionada porque asegura se le ha dado el peor apartamento de todo el complejo, y a los demás el mejor.

Me quedo perpleja, porque sé que no es así, pero empiezo a pensar en la reacción de la mujer que llega a enfadarse hasta tal punto de volver a hacer la maleta y sale corriendo hacia no sé donde. Volvió pasadas unas horas a su apartamento y con su maleta, pero con el mismo enfado de antes.

Me pregunto: ¿de verdad merece la pena enfadarse por algo así y llegar a estropear unas vacaciones planeadas con la intención de pasarlo bien, dejar el estrés atrás y cargar las pilas? Sinceramente no lo entiendo. Yo no estropearía mis vacaciones porque el de al lado puede tener un apartamento mejor que el mío.



No voy a juzgar el comportamiento de la mujer, solo quiero compartir mis reflexiones tomando lo ocurrido como una simple anécdota. En realidad son muchas las personas que en lugar de apreciar lo que tienen y darles valor, pierden su tiempo (y su salud) en pensar en lo que no tienen.

Lo único que estas personas consiguen es vivir infelices, constantemente frustradas y estresadas. La frustración, el estrés, la envidia no te aportan nada bueno. Para empezar desencadenan una serie de reacciones que afectan a tu salud porque las emociones (para lo bueno como para lo malo) se reflejan en tu interior, sobretodo en la zona del intestino.

Frecuentando las clases de yoga he aprendido que cada cuerpo es diferente: si yo no consigo hacer una postura que a otra persona le resulta sencilla, no pasa nada. Habrá algo más que mi cuerpo sepa hacer y yo seguiré entrenando hasta conseguir hacer también esa postura que ahora me resulta difícil.

Y lo mismo pasa en la vida, con las cosas materiales y con nuestras habilidades y nuestros defectos. En lugar de pensar en lo que no tengo, valoro y potencio lo que ya está en mis manos. Y si de verdad quiero tener algo, en lugar de criticar a quienes ya lo tienen, empiezo a trabajar para conseguirlo. Tampoco pierdo tiempo en lamentar mis defectos, sino me centro en potenciar mis habilidades, lo que ya sé hacer, intentando mejorar los aspectos menos positivos de mi persona y de mi forma de ser. Pero en ningún caso me enfado ni me frustro porque los demás tienen algo que yo no poseo.

Aceptarse a uno mismo, apreciar y disfrutar de lo que tenemos nos hace más felices y nos ayuda en nuestras relaciones interpersonales.

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